‘El Médico’, película alemana de 2013 ambientada en el siglo XI y basada en la novela homónima y ‘best seller’ de Noah Gordon. En ella, nuestro personaje inglés, emigra a Persia para aprender el arte de la medicina. Durante su estancia allí se desata una epidemia de peste que combaten con los medios que disponen. Los habitantes de la ciudad son confinados en sus casas, los médicos, estudiantes de medicina y otros cuidadores tratan como pueden a los pacientes, aliviando su sufrimiento y padeciendo un alto grado de contagios y muertes por la enfermedad por falta de protección. Todos los días cuentan los contagiados, los muertos, esperando que se doblegue la curva. Utilizando todos los medios de que disponen (que son más bien pocos) se consigue vencer la epidemia.

Nosotros estamos viviendo ahora la pandemia global por coronavirus, situación que está poniendo a prueba nuestro sistema sanitario y toda nuestra sociedad. Y vemos que las autoridades españolas han gestionado la crisis del coronavirus con más sombras que luces. Disponiendo de unos enormes recursos, en comparación a los personajes de la película, hemos hecho, epidemiológicamente, lo mismo que entonces. Hemos llegado tarde a casi todo y hemos ido a remolque de la pandemia. No se compraron test, ni los EPIs y no se identificaron a los asintomáticos para aislarlos y mandaron a los sanitarios a enfrentarse a la pandemia sin una adecuada protección, sin los respiradores y otros materiales sanitarios a tiempo, pese a las advertencias de la Comisión Europea y la OMS. El confinamiento llegó tarde, permitiendo actos cuando los Colegios de Médicos y otras entidades habían suspendido reuniones profesionales con bastante menos participantes. Además, la incoherencia de los mensajes y los cambios continuos en las decisiones, no han facilitado un mínimo liderazgo para afrontar una crisis como esta.

En el polo apuesto, debemos destacar la respuesta de la gente de a pie, el SNS en su conjunto, las fuerzas armadas, Cuerpos de Seguridad del Estado y un largo etcétera de trabajadores, públicos y privados, que a riesgo de su vida y su salud, física y mental, han conseguido que el país no colapse.  En este caso y en contra del Cantar Mio Cid: “Que buenos vasallos pese a no tener buenos señores”.

Y el resultado de toda esta deficiente gestión está ahí. No vamos a entrar en datos que todo el mundo sabe, pero, para resumir, España es el segundo país del mundo en fallecidos por 100.000 habitantes del mundo después de Bélgica. Castilla-La Mancha tiene el mayor índice de fallecidos por 100.000 habitantes de España y más de 47.000 sanitarios contagiados (con diferencia, mayor índice mundial) con más de 60 sanitarios, de ellos, más de 45 médicos (80 entre jubilados y activos) fallecidos.

Los médicos y el resto de profesionales sanitarios hemos sido testigos de cómo la pandemia del Covid ha puesto en evidencia las carencias de nuestro sistema y también la firmeza de nuestra vocación. Nos han faltado respiradores, monitores, camas y espacio para atender a nuestros pacientes. Ha faltado personal, materiales de protección para nosotros mismos y no nos hemos rendido. Hemos acudido con una protección inexistente o ineficaz, hemos multiplicado las camas disponibles, incluyendo las de UCI, para atender al mayor número de pacientes. Hemos sacado el máximo provecho de los materiales que la sociedad, de un modo solidario, ha puesto a nuestra disposición (respiradores de veterinaria y de ambulancias de transporte, materiales de protección, etc.). Los médicos hemos trabajado, codo con codo, con nuestros Jefes de Servicio, Coordinadores de Centros de Salud y directivos de las áreas sanitarias, en jornadas interminables sin pedir nada a cambio. Hemos hecho piña con el resto de las profesiones sanitarias y hemos soportado la tensión juntos. Hemos sufrido y hemos visto sufrir, porque se ha sufrido mucho y mal. Se ha sufrido en soledad.

Sin embargo, oyendo a nuestros dirigentes políticos decir que sobran los materiales de protección y que solo nos los ponemos para hacernos la foto, que podemos ceder parte de nuestros materiales sanitarios y de protección a otras regiones, que nos sobran camas y no es necesario utilizar hospitales ya hechos, que los ancianos en las residencias ya eran muy dependientes y cualquier enfermedad podía favorecer su fallecimiento pensamos que, en el mejor de los casos, viven en un universo paralelo al nuestro.

Pero si el Sr. Page, nuestro Presidente de la Región, sugiere que cuando a un paciente, en cualquier lugar, le ha faltado un respirador, es porque alguien no se lo ha querido poner (por que había) y que le gustaría que, si eso fuese así, se evacuara la correspondiente denuncia, vemos que no están en ese universo paralelo, están en este y están poniendo a los profesionales sanitarios, a los médicos, a los pies de los caballos, sembrando unas dudas que, tal vez, solo tengan motivos judiciales o electoralistas.

Por todo ello, desde el Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Cuenca, solicitamos rectifique sus palabras y, si no puede, pida perdón a estos profesionales sanitarios, a todos ellos, que en estos días tan aciagos están dando lo mejor de sí. Además, queremos recordar que la humildad es una virtud, virtud que hemos visto poco en nuestros políticos y por eso pensamos que, tal vez, viven en esos universos paralelos de los que hablábamos antes. Nosotros, nuestro Colegio, está aquí y pedimos perdón, no nos importa, si nuestro proceder en cualquier momento de la pandemia no ha sido el adecuado.

Por último, queremos recordar a la población que esta crisis no ha acabado, que no bajen la guardia, que vamos mejor, pero que esto no es el fin, ni siquiera es el principio del fin, pero tal vez sea el final del principio.

Cuídense mucho.

Junta Directiva

Ilustre Colégio Oficial de Médicos de Cuenca