“Estoy ayudando a poner un hombre en la luna…” Esta fue la contestación que una señora de la limpieza de la NASA dio a J.F. Kennedy cuando éste le preguntó que hacía. La anécdota, probablemente apócrifa, es de las que según los italianos “Si no es cierto, debería serlo”.

Año 2021, por fin dejamos atrás el horroroso 2020 y nos metemos en un nuevo año lleno de miedo, incertidumbre y, otra vez, sufrimiento. La pandemia por SARS Cov-2 totalmente descontrolada, pagando ahora la relajación de dirigentes y población durante las navidades y llegando ahora a niveles de contagio y de utilización de recursos similares, si no superiores, a los de marzo-abril del 2020 y con una actitud de nuestros gobernantes nacionales sobre confinamiento similar a la adoptada en esa época (con el agravante de que ahora, los gobiernos autonómicos solicitan un endurecimiento de medidas). Espero que algún día nos expliquen por qué esta actitud.

Los médicos y el resto de personal sanitario estamos cansados y agobiados. Además, estamos asustados. Tenemos miedo a revivir lo sufrido en los peores momentos de la primera ola.  Estamos dando lo mejor de nosotros, lo seguiremos haciendo, y lo estamos pagando. Miles de contagiados, algunos con secuelas que tardarán años en recuperar, problemas psicológicos que ha obligado a los Colegios Profesionales a ampliar los programas de apoyo psicológico y lo que es peor, a día de hoy, 108 médicos muertos en activo. Estos compañeros muertos están incluidos en los alrededor de 70.000 españoles que nos han dejado como consecuencia de la pandemia. Una cifra enorme. Pero un bosque no nos debe impedir ver el árbol. Un número elevado no debe diluir a cada uno de ellos, con sus nombres, sus ilusiones y sus problemas. Todos y cada uno de ellos merecen un homenaje. Cuando muere alguien, no solamente deja de existir, deja de ser lo que ha sido, sino que también desaparece todo lo que sería en un futuro. También desaparecen sus inquietudes, sus aficiones, sus proyectos. Y no solamente los suyos, también los de toda su familia y amigos. Por lo tanto, la pérdida es enorme.

Todo esto es cierto, sé que estamos cansados, que tenemos ganas de salir y abrazar a nuestros seres queridos, nos podemos sentir abandonados por la actitud (con c) de una parte de la población y por la aptitud (con p) y actitud (con c) de algunos de nuestros dirigentes (sobre todo después de la actitud bochornosa de algunos de ellos en relación a la vacunación). Pero sabiendo que nos quedan meses duros, de sufrimiento, desde aquí solo puedo rogaros que apretemos los dientes, que sigamos trabajando, que nos  protejamos nosotros y, de ese modo, también al resto de nuestros vecinos, que pongamos nuestro granito de arena para derrotar a este virus, sin duda lo haremos, que nos está destrozando como personas y como sociedad y que, digan lo que digan nuestros políticos, no nos va a hacer ni vamos a salir más fuertes.

Desde el Colegio de Médicos de Cuenca sólo os podemos pedir colaboración y motivación y que lo que hagamos sea con la idea de que nuestro trabajo va a ayudar a acabar con este virus, VA A AYUDAR “A PONER UN HOMBRE EN LA LUNA” como dijo esa limpiadora. De ese modo podremos contar a las generaciones venideras: «YO AYUDE A ACABAR CON EL VIRUS” y nos ganaremos, más si cabe, su reconocimiento y admiración.

Muchas gracias. Tengan mucho cuidado ahí fuera.

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